Una pasión convertida en trabajo
Mi historia personal
Mi historia personal
Nací en Sicilia, tierra de volcanes, cítricos, mar y arte milenario, y viví allí muchos años. En el pequeño pueblo donde crecí, era raro ver personas que no fueran del lugar. Sin embargo, el destino me reveló pronto mi mayor inclinación.
Tenía alrededor de 7 años cuando mi padre, al regresar a casa para almorzar, me trajo uno de mis primeros DVD, titulado "Un mundo de fábulas", que contenía 20 historias de todo el mundo en italiano y japonés. Fue mi primera experiencia real con una lengua extranjera, porque los videocasetes, que en aquella época aún estaban muy extendidos, eran monolingües. Aunque no entendía nada, me resultaba fascinante escuchar otras formas del lenguaje humano; era muy feliz de poder repetir esa experiencia cada vez que quería. En poco tiempo llegaron más DVD, luego la computadora y todo lo demás.
Exploré con curiosidad muchos idiomas para escuchar su sonido y percibir su esencia; era algo que iba más allá de la lógica racional, y cada vez me quedaba fascinado: japonés, chino, inglés, español, alemán, francés, griego, hebreo, ruso, danés…
A los ocho años me di cuenta de las barreras que impedían la comunicación entre las personas y del malestar que esto causaba. Un día las maestras nos llevaron a jugar al patio de la escuela. Allí vi a una niña china que caminaba del brazo de dos niñas italianas. Su rostro era triste, casi inconsolable; parecía sola aunque no lo estuviera físicamente: las tres niñas no hablaban, guardaban un silencio cerrado, impuesto por la barrera lingüística.
Con ella, los demás niños tenían actitudes distintas: algunos intentaban ayudarla, pero sin lograrlo; otros la molestaban, y otros más la miraban como si fuera una extraterrestre. Yo estaba muy apenado por ella.
En ese momento sentí un fuego dentro de mí, el fuerte deseo de ayudarla a ella y a tantas otras personas en su misma situación. Era consciente de no poder cambiar las acciones de los demás, pero pensé: "Un día haré algo para ayudarlos, les enseñaré italiano, para que puedan expresar libremente sus necesidades, pensamientos y sentimientos".
Pero volviendo a la historia… Poco después, vi a la niña china sola, en medio del patio, mirando a su alrededor, inmóvil y desorientada. Me acerqué a ella, la saludé dos o tres veces, y con ingenua insistencia seguía saludándola, diciéndole mi nombre y preguntándole el suyo, pero ella no respondía y cada vez giraba el rostro hacia otro lado. Mientras tanto, una niña italiana corrió hacia ella y se la llevó, lanzándome una mirada de desconfianza. Fue la última vez que la vi. Probablemente dejó de asistir a la escuela, como le ocurría a muchos otros niños extranjeros que raramente llegaban a nuestros lugares.
Con los años, vi a otras personas de todas las edades afectadas por la imposibilidad de comunicarse, pero el episodio de la niña china en el patio de la escuela fue el que más me marcó. Sin embargo, todavía tenía que esperar; no podía hacer otra cosa que guardar en el corazón mi gran deseo.
En 2012, por elección me acerqué al alemán, y me enamoré de él; en poco tiempo alcancé el nivel B1 estudiando solo en medio de un entorno adverso que, salvo raras excepciones, pocas veces me daba la posibilidad de relacionarme directamente con hablantes nativos. El inglés en la escuela no me gustaba para nada, e iba muy mal; todo era tan plano y con la sensación de una pesada obligación. Solo más tarde, en 2014, descubrí el placer de aprenderlo, pero esa es otra historia😉.
En 2015, con mi nuevo y pequeño smartphone, a través de dos plataformas de intercambio lingüístico, me asomé al mundo más allá de las fronteras de Italia. Conocí a muchos jóvenes de mi edad en esa época, chicos como yo que vivían en otras partes del mundo. Con algunos de ellos nació una verdadera amistad; compartíamos sobre todo emociones e historias personales, que actuaban como propulsor de nuestras ganas de comunicarnos y superar la barrera lingüística, lo que nos llevaba automáticamente a compartir la lengua y la cultura; nacían preguntas y curiosidades que nos respondíamos mutuamente. Entre las personas que he conocido a lo largo del tiempo, en particular, siento la necesidad de recordar a Nang (de Birmania), Stephen (de Canadá), Niklas y Shergo (de Alemania), Zhengbai, Shaoxiang, Xingbo e Yilin, Jianxiong, Yujie y Zeyu (de China), algunos de los cuales siguen presentes en mi vida.
Esta intensa experiencia cotidiana de intercambio emocional y lingüístico-cultural, que duró aproximadamente diez años, me llevó a crear, probar y perfeccionar un método de enseñanza y aprendizaje basado en la experiencia real, en lo que verdaderamente significa entrar en contacto con una lengua, aprender a conocerla y asimilarla gradualmente. Estas valiosas experiencias y todo lo que hasta aquí les he contado están en la base de "La Bussola Italiana", el nombre que le he dado a mi manera de ser, de hacer, de enseñar.
En 2023 empecé a enseñar formalmente; sin embargo, continúo aún mi actividad de estudio e intercambio lingüístico, y entre mis estudiantes y yo a menudo nace una amistad, ¡lo cual es verdaderamente maravilloso!
En los últimos dos años he profundizado especialmente en el estudio del chino, que amo por su profundo simbolismo, y desde hace algún tiempo he empezado a apreciar también el español.
p.s. Antes de ese momento también había intentado otros trabajos, pero ya fuera vendiendo paquetes de viaje o smartphones, computadoras y periféricos, siempre terminaba comportándome como una especie de maestro/guía 😂, y fuera del trabajo, no hacía otra cosa que sumergirme en el aprendizaje de idiomas, hablar con mis amigos de todo el mundo y ayudarlos a aprender 🤷🏻♂️✌🏻️, ¡irresistible!
Una importante fuente de inspiración:
Mi abuelo Edoardo, maestro pastelero, que de joven había aprendido alemán con mucha pasión y viajado por media Europa, me decía a menudo:
“Aprender un nuevo idioma equivale a tener una nueva personalidad”.
¡Tenía razón! Él me animó mucho a aprender otras lenguas, y seguía repetiéndome que esto me haría crecer cada vez más.
De mi experiencia personal, he comprendido que:
"Una lengua es mucho más que un conjunto de palabras y reglas gramaticales; es la huella de una cultura, forjada por los eventos que han moldeado a un pueblo a lo largo del tiempo. Cada una de ellas es una manera de expresar nuestros sentimientos desde un ángulo diferente, basándose en una esencia única que solo podemos captar sumergiéndonos por completo, poniendo nuestra alma en resonancia con la suya".
En el mundo hay muchísimas lenguas y culturas, y casi 8 mil millones de personas. Todos somos iguales y formamos parte de un único conjunto conectado a la naturaleza. Es una lástima renunciar a interactuar entre nosotros. Claro, no podemos aprender todos los idiomas del mundo, pero podemos añadir alguno al que hablamos desde que nacemos.
Interactuar con los demás es maravilloso, nos moldea profundamente y aumenta la conciencia que tenemos de nosotros mismos y de la vida misma. Sí, desde hace algunos años contamos con los traductores, y ahora también con la inteligencia artificial, lo cual es fantástico; pero interactuar entre nosotros de manera directa hace que todo sea maravillosamente mágico e inolvidable.